Otras caras de la coca

Política 25 Ago 2013 – 9:00 PM

Alfredo Molano Jimeno

Tres expertos colombianos explican las bondades de esta planta. Proponen su industrialización en productos alimenticios y medicinales.

Pedro Arenas, Felipe Tascón y David Curtidor representaron a Colombia en el IV encuentro internacional de la coca. / Óscar Pérez – El Espectador

Pedro Arenas es exalcalde de San José del Guaviare. Una región que ha vivido la colonización campesina, el conflicto armado y la proliferación de los cultivos de coca. Felipe Tascón es economista e investigador académico de la hoja de coca. Y David Curtidor es un administrador público, con un amplio recorrido en el trabajo con comunidades indígenas y responsable de la empresa Cocanasa, productora de alimentos de hoja de coca. Los tres asistieron como representantes de Colombia al IV Foro Internacional del la Hoja de Coca, una iniciativa que tiene cuatro años y que busca ser un espacio de diálogo entre diferentes experiencias de trabajo con esta ancestral planta. El encuentro se realizó el 15 y 16 de agosto en La Paz (Bolivia). Es la primera vez que un Gobierno apoya este foro que el próximo año se llevará a cabo en Ecuador.

¿Qué busca el evento al que asistieron en Bolivia?

F.T: Es un foro que, por una parte, busca reivindicar la hoja de coca y, por otra, es un espacio de investigación académica para soportar las peleas que se deben dar para sacarla de la condena de ser un narcótico. Es una mezcla entre un evento cultural, gremial y científico. Se hace un trabajo de difundir las investigaciones más recientes y rescatar las antiguas con el fin de dar a conocer las virtudes de la hoja de coca como alimento y medicina.

David, en este aspecto de producir derivados de la coca, la empresa que usted representa tiene una experiencia ganada. Cuéntenos sobre las características de la hoja de coca.

D.C: Cocanasa es una iniciativa que los indígenas Nasa del Cauca mantienen desde hace 14 años y ha tenido dos lógicas: una, reivindicar el uso de la hoja de coca como alimento y como elemento para desarrollar procesos medicinales; y dos, la afirmación de ella como elemento fundamental de identidad de los pueblos indígenas. Queremos lavar la cara de la hoja de coca, mostrar qué se hace y qué se ha hecho con ella tradicionalmente, porque esta planta tiene tres usos distintos: el mágico, el alimentación y el medicinal. Si uno le pregunta a las abuelas con qué se curaban los cólicos antes, posiblemente le diga que con una infusión de hoja de coca. Si pregunta de dónde salió la anestesia va a llegar a la hoja de coca. Y también tiene propiedades extraordinarias de nutrición, hasta le punto que podría llegar a ser la planta que acabe con la desnutrición en el mundo.

¿Qué investigaciones sustentan esas afirmaciones?

F.T: La estructura biológica de la hoja de coca esta compuesta de 14 principios activos, de uno de esos sale la cocaína. Los otros trece tienen otras posibilidades. El problema ha sido que la hiperganancia que produce la comercialización de la cocaína ha hecho que se explote este atributo y la condenó de paso, hasta enero de este año, a estar en el listado de narcóticos. Eso castró las exploraciones de los componentes benéficos de la hoja de coca pero existen innumerables investigaciones que dan cuenta de sus características benéficas. Lo han investigado científicos norteamericanos, latinoamericanos, incluso, el fundador de la medicina peruana, Hipólito Unanue, hizo una investigación en el siglo XVIII. De alguna manera, la prohibición y la persecución de la cocaína hace que no se puedan desarrollar con todo su potencial esfuerzos como el que hace Cocanasa.

Pedro, usted fue alcalde de San José del Guaviare, un municipio que conoce el conflicto alrededor de los cultivos ilícitos ¿Cómo ve el tema?

P.A: Aquí no se ha hecho la tarea de reconocer que la proliferación del cultivo de la coca en zonas campesinas es un fenómeno ligado a la problemática de la tierra, al desplazamiento en busca de tierras y sustento. Porque en las famosas colonizaciones dirigidas el Estado le dijo a la gente que se fundaran allá, que la institucionalidad llegaría a comprar los productos que cultivaran y esa promesa no se ha cumplido. Las carreteras de esas regiones son las peores. De manera que hay una dificultad para acceder al mercado con los productos tradicionales de pancoger. Y la política de drogas ante la proliferación de los cultivos ilícitos agudizó los problemas ambientales, sociales, culturales y económicos de las comunidades. Y es al menos curioso que los pliegos de campesinos de la década de los ochenta sean las mismas de quienes hoy están en paro agrario y lo que está pasando en el Catatumbo. Llevan años diciendo: paren la erradicación forzada, sentémonos a concertar programas de desarrollo alternativo, construyamos infraestructura carreteable, garanticemos que nuestros productos puedan acceder a los mercados, que el Estado le va a dar una mano al productor y desmilitarizar la lucha. Pero nada se ha cumplido.

F.T: Y es que si uno mira comparativamente se da cuenta que los productores de cocaína compran barato al campesino y multiplican escandalosamente las ganancias. Un estudio sostiene que en el 2003 el kilo de cocaína salía de Colombia en US$ 1.700, a Panamá llegaba en US$ 2.500, en la frontera entre Méjico y Estados Unidos pasaba de US$ 12.500 a 20.000, y de ahí a uno de los mercado mayoristas en el otro extremos de Estados Unidos costaba US$ 30.000 y ahí cada gramo de ese kilo, dependiendo de la pureza, se vendía entre US$ 100 y 200. De manera que el narco más narco Latinoamericano nunca ha podido obtener las grandes ganancias que deja este mercado. La gran ganancia se queda allá.

¿A qué conclusiones llegaron en el foro al que asistieron?

P.A: Me sorprendió la política boliviana para incentivar la producción de productos de hoja de coca legales. También el diálogo entre Estado y productores. Los programas de nutrición con productos de harina de coca. Pero sobre todo una de las conclusiones del foro es el llamado para que no se continúe estigmatizando los usos de la coca. Lo que hay es un mal uso. Es posible proyectar la hoja de coca como un producto que podría llevar a superar la llamada crisis alimentaria de la que habla la FAO. Igualmente se ha hecho un llamado a revisar las condiciones del mercado entre el Norte y el Sur de América. Mientras siga promoviéndose un intercambio desigual, lo que estamos viendo en el campo colombiano con los TLC, el mercado seguirá monopolizado.

F.T: Otra recomendación que hizo el foro fue denunciar el pecado original en la estigmatización de la coca y es el informe de Naciones Unidas en 1950. Eso justificó científicamente la proscripción de la hoja de coca. Mi reflexión final es que el mejor proyecto alternativo para la coca —insumo de la cocaína— es un producto de esa misma planta —insumo de productos legales y altamente benéficos—. Por eso decimos que no hay coca excedentaria. Y esto debería ser contemplado por los equipos negociadores del Gobierno y las Farc en La Habana cuando se llegue al punto de los cultivos ilícitos. Por qué no se mira la experiencia de Cocanasa, de Bolivia y se hace una alianza con los campesinos productores para hacerlo a mayor escala. Eso podría ser una salida para casos como el del Catatumbo. El estimulo a la industrialización para usos alternativos puede ser muy útil en el proceso de paz.

D.C: El llamado que yo hago es que el Gobierno respete las normas que rigen la materia y los conceptos de la Corte Constitucional. Si el Gobierno respetará las normas sobre el uso de la hoja de coca sería un avance importante. Respeto al tradicional uso de la coca, que no es sólo de los pueblos indígenas.

Leyes para productos de coca

¿Cómo ve Cocanasa las leyes que hay sobre el comercio de productos de coca?

D.C: Increíblemente Colombia tiene una legislación avanzada frente al tema. En Bolivia fue necesario que llegara un presidente de extracción cocalera e indígena para poner en su texto constitucional cosas que en Colombia ya se reconocían. Colombia firmó la convención de estupefacientes de 1988, la reconoce como ley, pero pone unas reservas con respecto a los usos históricos de la coca, la marihuana y la amapola. Reconoce que hay usos culturales de esas plantas. Y dice el Congreso que se deben respetar los derechos de los pueblos. Nuestra experiencia en el mercado ha sido interesante. Existe un respaldo legal pero un desconocimiento de la norma por parte de los funcionarios, a pesar de que la Corte ha dicho que Colombia es un país pluriétnico y cultural. De manera que esto de la coca no es sólo una forma de vivir de sus usos legales y así evitar que la coca se vaya para el narcotráfico, sino una manera de mostrar nuestra identidad.

Política de guerra contra las drogas

¿Cómo ve la política contra las drogas?

P.A: Se van a cumplir 20 años de las fumigaciones de cultivos ilícitos. Se han fumigado 2 millones de hectáreas. El último informe de Naciones Unidas dice que el año pasado se fumigaron 150.000 hectáreas y se erradicó manualmente más de 30.000 y eso significó una reducción de 14 mil hectáreas del área sembrada. La estadística muestra que hay que fumigar y erradicar siete veces más que lo que se refleja en la reducción y eso no contempla un estudio sobre los efectos nocivos que tiene para el campo colombiano esta práctica. Los ensayos de desarrollo alternativos han sido poco incentivados. Ni siquiera se ha tenido en cuenta que la erradicación forzada acaba con economías de municipios enteros, porque ese es el único producto que les garantiza niveles mínimos de subsistencia. Por eso hago un llamado a los equipos técnicos que están construyendo el nuevo estatuto de drogas para que también analicen la producción de los insumos y la relación de estos con el campesinado.

http://www.elespectador.com/noticias/politica/otras-caras-de-coca-articulo-442394

 

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